viernes, 16 de enero de 2009

Otra fábula de impunidad defequeña…

Sábado 2 de enero del 2009, 14:00 horas: Salgo del super. Manejo por Mariano Escobedo con dirección al sur cuando, al dar la vuelta en Gutenberg para entrar a la Anzures, un patrullero me hace la señal para que me “orille a la orilla”. Hago lo indicado. Paro el automóvil dejando la marcha puesta y, a la usanza gringa, espero a que el oficial se acerque. Lo observo desde el retrovisor. El guardián del orden se acomoda propiamente la gorra antes de bajar de su unidad. Finalmente sale de la patrulla a su cargo y con aires de autoridad-ya-me-fregue-a este-cabrón, se acerca a la ventanilla y se presenta:

Buenas tardes joven, soy el oficial Matute (olvidé el nombre, pero valga de homenaje a Don Gato y su Pandilla).

Buenas tardes (le devuelvo la cortesía, listo para evitar la mordida), ¿qué sucede oficial?

Pues con la novedad de que no verificó su vehículo.

¡No puede ser! (me insisto a mí mismo, ¡no puede ser!)

Fíjese en su holograma, debió verificarlo en noviembre y diciembre, y pues ya es enero.

Ipso facto abro la guantera del auto -jamás he puesto unos guantes en ese lugar, pero en fin, resabios del romanticismo motriz- y busco al R2D2 que me ofrece esa imagen cortada de la Princesa Lea que me restriega en la cara: shmock, se te pasó ir al verificentro. “Qué idiota” pienso en mis adentros más profundos, “justo a mediados de diciembre pasé frente a él. Lo vi vacío y hasta me di el lujo de pensar: “lástima que no me toca, este sería un momento ideal para hacerlo”. Pero qué idiota”, repienso…

Pues sí, se me olvidó.

Me permite su licencia y su tarjeta de circulación.

Las busco todo encanijado y le entrego los documentos.

Con este babotas me voy a persignar para juntar pa’l chupe de Reyes, pa’l sprint final, pensaba el poli mientras afilaba sus colmillos y sacaba de su chistera una copia del Reglamento de Tránsito Metropolitano: Mire joven, aquí la ley marca que por no verificar su auto corresponde llevarse el auto al depósito y pagar una multa de 20 salarios mínimos.

Ni hablar, levánteme la infracción, ¿y cómo se lleva el auto al corralón?

Pues me sigue en su auto o le llamo a la grúa.

Faltaba más, llámele a la grúa y levánteme la infracción.

El oficial revisa mis papeles y espeta: uy joven, la tarjeta de circulación viene a nombre de una señorita. Para sacar su auto tiene que ir ella.

En efecto, es mi hermana. No se preocupe, tengo los papeles. Por favor levánteme la infracción… Me acuerdo que tengo las bolsas del super en la cajuela. Oficial, en lo que viene la grúa, necesito dejar unas cosas aquí a una cuadra, por qué no procede con todo el asunto ahí. Al fin y al cabo ya tiene mis documentos, no me voy a pelar.

No joven, eso no se puede.

Pues no hay bronca, llámele a la grúa.

Me sulfuro aún más y bajo del auto. Abro la cajuela y saco las bolsas.

Oiga joven, pues no se enoje.

No estoy enojado con usted, sino conmigo mismo. Se me olvidó verificar el auto y ahora tengo que pasar por toda esta monserga. Usted cumpla con su obligaciones como funcionario público y yo haré lo propio con las mías como ciudadano.

Bueno, dice el oficial, ya enterado de que no pensaba ofrecerle un solo quinto, pero sabe usted que pagar la multa ecológica es complicado porque tiene que bajar del internet una…

No se preocupe, ya me las arreglaré, usted levánteme la infracción. ¿Ya le llamó a la grúa? Porque ya no tengo nada que hacer aquí. Que pase la grúa y ya después yo me voy al corralón por mi cuenta…

Ya la solicité y se regresa a su unidad mientras, rodeado de mis bolsas del super, esperaba impaciente a que me diera la infracción. Tras un par de minutos sale de la unidad, camina hacia mí en su lance final… Joven, se me olvidó decirle que además tiene que pagar una multa de otros 20 salarios mínimos por circular sin verificación…

Ya estaba montado en mi mula. Y como me caga darle mordidas a la policía, dignamente le exigí que me multara. Feliz año mi poli, levánteme mi infracción y llámele a la grúa. Cumpla con su deber. Ya no’más falta que me levante cargos por no haber lavado el coche.

El oficial regresó a su patrulla. Caviló (¿?) por unos momentos y salió de nueva cuenta.

Sabe qué joven, ya lo voy a dejar ir. Sólo tiene que pagar su multa ecológica y ya.

Poco me faltó para decirle que ni madres, que ahora me llevaba al corralón. Pero no soy un ciudadano tan ejemplar, tampoco tan idiota. Pues muchas gracias, le dije, todo yo encabronadamente impune…

Y así, impunemente, pensé en primera instancia que me había salido con la mía. Pero no, me invadió esa sensación de frustración cuando uno se da cuenta que la ley en esta Ciudad, en este nuestro México, la aplican sujetos de poca calaña. ¿O será que no sabía escribir y por eso no me levantó la mentada infracción?

No es la primera vez que me para un policía, con o sin razón. Tampoco la primera vez que le digo, implícita o explícitamente, que no le voy a dar mordida (“no le estoy pidiendo nada”, me dijo alguna vez uno en Guadalajara. “No estoy diciendo que me está pidiendo algo, sólo le estoy avisando lo que no pienso hacer yo”, le contesté). Y por supuesto que tampoco es la primera vez que prefieren dejarme ir sin morder que multarme. Este caso en particular fue grotesco. No fue un error de apreciación. No había forma de argumentar a mi favor. No había verificado. Me declaré culpable de inmediato y me puse en manos de la ley. Y ni así cumplió con su deber.

El resto de ese sábado y el domingo no utilicé el auto. El lunes 5 pagué la multa a primera hora. Tenían que pasar 48 horas para poder llevar el auto a verificar. Por lo tanto, no debía usarlo, salvo para llevarlo al verificentro. Como no pensaba quedarme sin automóvil, me la rifé, sabiendo que manejaba impunemente. Y lo pensé: si me paran, voy para el verificentro. Durante dos días manejé al trabajo ida y vuelta ocultándome de los policías, las patrullas y todo automóvil que luciera una torreta. No quise poner a prueba mi táctica retórica, pero retaba a la autoridad, impunemente, sin necesidad de escribir pancartas o degollar personas. El miércoles pude verificar, y mi alma ciudadana descansó en paz.



Moraleja vox populi: Muchos policías son delincuentes. Lo bueno es que los uniforman para que los podamos identificar.

Addendum cuestionata a moraleja vox populi: ¿A quién se le ocurrió vestir a los policías de tránsito con esos accesorios color retro-verde ochentero chingarretina? ¿Y ese motivo de taxi neoyorquino en las patrullas y la gorra? ¿Y ese remedo de espada láser? Quizá es para facilitar su identificación y que las mentadas vayan bien dirigidas.

Moraleja impune: Cuando te pare un tira, tenga o no razón para hacerlo, pídele la infracción, no insinúes ninguna mordida. Lo más seguro es que no sepa escribir o le dé hueva escribir la boleta, por lo que te dejará ir en cuestión de minutos.

Moraleja preocupante: ¿Qué pasa con los que están a favor de la pena de muerte? El problema en este país no es la falta de leyes severas, sino la corrupción y la impunidad (y la ineptitud de las fuerzas del orden, entre otras tantas). Pero no las leyes. Sólo en México puede haber un Partido Verde que esté a favor de la pena de muerte. Y sólo en México un gobernador del PRI, partido que se dice socialdemócrata, promueve la pena capital. Increíblemente, ambos partidos votaron hace un par de años para proscribir esa posibilidad de la Carta Magna. Si algo me da náuseas es que la política se sirva del miedo de sus ciudadanos. Suponiendo que la pena de muerte resolviera los problemas de inseguridad que padecemos… ¿Los que están a favor de ella confían en las autoridades que deberían aplicarla?

Moraleja Al-Goriana: Los tiras de a pie, adscritos al honorable cuerpo de policías de tránsito, participan en un interesantísimo proyecto ecológico que se encuentra en su fase beta (de prueba, pues). El experimento consiste en producir electricidad haciendo viento con el fin de iluminar los accesorios de sus uniformes. Ya se me hacía absurdo ver tanto policía meneando la manita para agilizar el tránsito vehicular. Energía eólica y orgánica a su máxima expresión. Lo lamentable será cuando los puestos del comercio informal se cuelguen con un diablito del poli de la esquina.

domingo, 21 de diciembre de 2008

El último minuto NO tendrá 60 segundos



Parece una mala jugada, pero es cierto, el 2008, este annus terriblis, se alargará un segundo más. Es un acuerdo de la Unión internacional de Telecomunicaciones de la ONU (léelo aquí). No es la primera vez que sucede algo así, pero se alarga la agonía. Es cómo en los partidos de fútbol en los que el árbitro añade 4 minutos de compensación con el marcador 5-1 y el equipo que va perdiendo lleva 40 minutos jugando con 9 hombres. Simplemente, no se vale, pero qué necesidad. Queremos un break, que se acabe este año. Aunque pensándolo bien, tal vez se trata de un regalo de fin de año. Nos ofrecen la dicha de atrasar la cuesta de 2009.

Más aún, el meridiano de Greenwich podría dejar de ser el M-E-R-I-D-I-A-N-O-D-E-G-R-E-E-N-W-I-C-H (con todas sus letras) que la miss de geografía me inculcó con todo su empeño y sabiduría (por cierto, el de civismo se dedicaba más a los enjuagues en lo oscurito y a tratar de sacarse discretamente los mocasines -casi nunca lo lograba-. Era como un Bejarano de petatiux). Sin el GMT como referencia, la insoportable relatividad del ser nos pone de nuevo a tono con la mentada posmodernidad. Ya no hay referencias válidas para casi nada. Para muestra otro botón: Luis Miguel es papá por segunda vez con Aracely Arámbula (alias “La Chule”), dentro de un matrimonio que está estigmatizado como de “conveniencia”. Pero además, Luismi parece que será abuelo muy pronto… Michelle Salas, su hija de 19 años (a la que reconocía como tal hace 2 años), podría estar embarazada de Alejandro Asensi, su representante. ¡Ay Dios, ya párenle!

Felices Janucá y Navidad para todos. Celebremos. Y que 2009 nos traiga algo más que un nieto para el llamado “Rey Sol”.

martes, 25 de noviembre de 2008

Ebrard es un genio.

Así, sin decirle a nadie, calladito y atendiendo los menesteres de la televisión mañanera, Marcelo Ebrard implementa un plan de seguridad pública que está dando resultados casi de inmediato. El proyecto es sencillo:

1) Manejar con maestría la coyuntura internacional, local y nacional. Es decir, se coloca ante una alineación de los recortes presupuestales que se vienen por la crisis financiera global con las elecciones del 2009 y las del 2012.

2) Lanzar una ofensiva masiva de obras públicas nunca antes vista en la Ciudad de México:

a. El Circuito Bicentenario: ahorcando a la circulación vehicular desde varios frentes, simultánea y drásticamente, incluyendo Av. Revolución.

b. Constituyentes: permitiendo que las obras para hacer de esta vía rápida una vía rápida no terminen.

c. Línea 1 del Metrobús: realizando mejoras al carril confinado, obstruyendo al menos un carril de Insurgentes.

d. Línea 2 del Metrobús: manteniendo en construcción permanente las obras que corren desde Zaragoza hasta Tacubaya, a través del Eje 4 Sur.

e. Línea 12 del Metro: iniciando las obras en los puntos donde los demás proyectos avanzan.

f. Reforma/Palmas: dando luz verde al proyecto vial, desquiciando el ya desquiciado embudo de Santa Fe, Interlomas y anexas.

g. Lo que se acumule y mi corta visión no alcance a vislumbrar.

El objetivo es sencillo: Una vez colapsada la circulación en la Ciudad de México cada vez más chilangos y conurbados pensaremos más de tres veces salir a la calle, con lo que la incidencia de criminalidad debe bajar a chaleco.

Nuestro Jefe de Gobierno es un genio. Mis respetos.

jueves, 13 de noviembre de 2008

Niños Héroes y Dr. Lavista

¿Y dónde quedará la "Contraloría de Ortografía Externa"?

martes, 4 de noviembre de 2008

Judíos y árabes en la Ciudad de México

A veces la ociosidad se pervierte y se convierte en desidia. Tarde, pero la vencí. Publico el comentario del 23 de octubre que hice en Revista Antena Radio donde hablo de dos eventos que se desarrollan en la Ciudad de México: El 6o. Festival Internacional de Cine Judío y el ciclo de rasgos árabes... . El primero ya está en marcha y el segundo inicia el día de hoy.



JUDÍOS Y ÁRABES EN LA CIUDAD DE MÉXICO

JOSÉ HAMRA SASSÓN

MEDIO ORIENTE, UN MUNDO ENTERO

ANTENA RADIO 107.9 FM

23 DE OCTUBRE DE 2008

Por lo general Medio Oriente nos remite a guerras interminables donde las causas de la violencia se han distorsionado en historias sesgadas y retóricas parciales. Medio Oriente es una región que parece lejana para nuestro país, una geografía que se muestra compleja, con pueblos y naciones con las que aparentemente no hay relación, con hombres y mujeres de nombres a veces impronunciables.

Sin embargo, hay diversas manifestaciones que tienen su origen en Medio Oriente y que son parte del tejido social mexicano. En principio, México es casa de dos vibrantes comunidades, la judía y la libanesa, que se han integrado desde varias dimensiones a la realidad mexicana. De hecho, Medio Oriente a veces está más cerca de lo que podríamos suponer. Simplemente pensemos en nuestro idioma, el español, que es enriquecido por palabras de origen árabe tan cotidianas como almíbar, azúcar, almohada, álgebra e incluso el topónimo Guadalajara.

Y en este sentido, la Ciudad de México enmarca dos eventos en los que podremos adentrarnos al Medio Oriente desde aproximaciones artísticas, culturales y reflexivas. A partir de hoy inicia la sexta edición del Festival Internacional de Cine Judío que finaliza el 9 de noviembre y del 4 al 7 de noviembre se desarrollará el seminario de rasgos árabes…, un ciclo que inició en Argentina y Brasil y que ahora llega a nuestro país.

Así pues, en esta ocasión el Festival Internacional de Cine Judío presenta una retrospectiva de 60 años del cine israelí, junto con producciones mexicanas y de otros países con temática judaica. Se proyectarán más de 30 películas, documentales y cortos “que buscan compartir la diversidad del pueblo judío con la sociedad mexicana”, que es a su vez “multiétnica y multicultural”, como la define Marina Stavenhagen, Directora General del Instituto Mexicano de Cinematografía.

Destaco tres producciones que nos acercan al conflicto árabe – israelí. El documental Punto de Encuentro, una producción de Estados Unidos, en la que civiles israelíes y palestinos comparten sus experiencias del conflicto que los une y separa simultáneamente tanto por atentados suicidas como por la ocupación. Otro documental, Enemigos en mi prisión, ofrece una aproximación a los 10 mil palestinos que se encuentran en prisiones de Israel. Para unos son terroristas, para otros, luchadores por la libertad. El drama que viven muchos de ellos, fuera del maniqueísmo cotidiano, es hoy en día relevante, pues muchos permanecen encarcelados sin un proceso judicial de por medio. Muchos de los líderes de la resistencia palestina, tanto la nacionalista de Al Fatah, como la islamista de Hamas, se formaron en las cárceles israelíes, donde aprendieron a hablar hebreo. Más aún, Enemigos en mi prisión, resulta especialmente interesante para abordar la coyuntura actual, en la cual el gobierno de Israel negocia con Hamas la liberación de presos palestinos a cambio del soldado Guilad Shalit, capturado hace casi tres años por comandos palestinos a las afueras de la franja de Gaza.

Una tercera opción para abordar el conflicto árabe – israelí, esta vez en el frente con El Líbano, es Beaufort (Bastión de Conflicto), que aborda uno de los episodios más polémicos tras la invasión de 1982, en el que murieron varios soldados israelíes al cumplir con uno de los caprichos del entonces Ministro de Defensa, Ariel Sharon. El 6º Festival de Cine Judío se presentará desde hoy en tres complejos de la Cadena Cinemex, Antara, Insurgentes e Interlomas, en la Cineteca Nacional y en las instalaciones del Instituto Politécnico Nacional, en Zacatenco.

Por otra parte, del 4 al 7 de noviembre el Centro Cultural de España será sede del seminario de rasgos árabes…. Esta iniciativa surge como reacción al asesinato de Jean Charles Menezes, quien fue confundido en Londres con uno de los terroristas del atentado en Londres, en 2005. La policía justificó su acción ya que Menezes, un brasileño, según declaró el oficial que lo mato, era “de rasgos árabes”.

El seminario, además de presentar el proyecto, abre el espacio para diversas expresiones artísticas y analiza, en mesas redondas, la realidad de las migraciones árabes a Latinoamérica, particularmente en México. Entre los participantes se encuentran Zidane Zeraoui, Carlos Martínez Assad y Patricia Jacobs Barquet. Sin duda, será una excelente oportunidad para acercarnos a un mundo que ha sido marcado, tras los atentados del 11 de septiembre, por el dogma maniqueo del choque de civilizaciones. En el caso de México, los estereotipos hacia lo árabe se remiten a la cultura popular en películas como El baisano Jalil, de Joaquín Pardavé o las construcciones iconográficas de Santiago Matamoros. Ambos aspectos se abordarán en de rasgos árabes… que sin duda son espejo de nuestra sociedad.

Así pues, los dos eventos, el Festival Internacional de Cine Judío y el seminario “de rasgos árabes…” convergen en tiempo y espacio en la Ciudad de México. Y así, sin querer, quizá obra de la casualidad, nos ofrecen una buena oportunidad para conocer de cerca sobre estas culturas y naciones que tienen su origen en el Medio Oriente pero que pertenecen a la sociedad mexicana. Una oportunidad de enfrentar las imágenes construidas, muchas de las veces basadas en estereotipos, y analizar la complejidad en las que se construyen las identidades árabes y judías. Una oportunidad, además, para discernir sobre los conflictos en Medio Oriente desde los instintos más primarios de estos grupos humanos: el miedo y la supervivencia. Quedan ahí las dos invitaciones para adentrarnos en este mundo que está entre nosotros, el del Medio Oriente.

sábado, 27 de septiembre de 2008

Piojos: De Vietnam a Gore

Piojos: De Vietnam a Gore

"…que hace eternas las almas de los niños

que destrozarán las bombas y el napalm..."

(S. Rodríguez)

Hace unas semanas, antes del puente del 16 de septiembre, la escuela de mi hijo envió a los papás la siguiente sugerencia por correo electrónico (es decir, una reminiscencia de las “circulares” de antaño, que curiosamente eran rectangulares tamaño carta):

Hola a todos:

Con motivo del brote de piojos que hubo entre los niños, se les pide que aprovechen estos días de descanso para dar tratamiento preventivo a sus hijos, para así poder erradicar el problema.

Se sugiere usar algún shampoo antipiojos o aplicar vinagre blanco/manzana en el cabello durante 30 minutos envolviendo el cabello con una gorra, después enjuagar, durante tres días. Adicionalmente usar aceite de romero como si fuera gel hasta que avisemos que se erradicó el problema.

Gracias por su apoyo y comprensión.


A primera vista, el mensaje no tiene nada de especial, necesitamos prevenir que nuestros hijos sean víctimas de un nuevo brote de piojos. Sin embargo, es una muestra de cómo cambian los tiempos. Ser niño y que te “salgan” piojos no es anormal. Si bien recuerdo, pasé por esa penuria en dos ocasiones. La forma en que mis padres combatieron al enemigo es contrastante con el modo en que nos toca lidiar el asunto con mis hijos. De hecho, va de la mano con la geopolítica del momento.


Cuando sufrí mi primer ataque de piojos, no había mantenimiento preventivo, se trataba de corregir, y de inmediato. En esos años, estamos hablando del desenlace de la Guerra de Vietnam, el uso de armas químicas fue un método aceptable por las fuerzas estadounidenses para parar la amenaza comunista. Era el cenit de la Guerra Fría, del mundo bipolar. El Viet-Cong se convirtió en un verdadero dolor de cabeza para los estadounidenses. Usar napalm y fósforo blanco contra poblaciones civiles para acabar de raíz con la guerrilla comunista fue un mal necesario, a pesar de los “daños colaterales”. El “Mundo Libre” estaba en peligro, el guardián de la comunidad internacional no podía quedarse con los brazos cruzados. Supongo que luchar contra los piojos en casa se vio influenciado por la verborrea de los noticiarios de aquella época (no hace tanto, estamos hablando de los primeros años de la primera mitad de la década de los 70 del siglo pasado).


La táctica utilizada fue fulminante y precisa. Una vez que los piojos (es decir, la plaga comunista) se adueño de mi cándida cabecita, las fuerzas del bien prepararon el arsenal químico. No había otra forma de hacerlo, ya que los parásitos se escondían en mi selva capilar y atacaban ponzoñosamente a la primera distracción. La noche del “D-Day”, minutos antes de enviarme a dormir, mis padres rociaron “flit” en una toalla (en cantidades considerables) con una de esas bombas de relleno que ya no se encuentran tan fácilmente en el mercado. Una vez listo, el campo de batalla (mi cholla) fue cubierto con ese manto napalmesco. Además, fue reforzado con una bolsa de super, que haría las veces de una segunda columna lista para acabar con cualquier osado que intentara escapar de ese infierno. Y de ahí a la cama. Con ese cóctel dantesco el enemigo cayó fulminado. Ningún piojo pudo resistir al embate, quién lo habría logrado atrapado sin salida alguna. Me imagino los últimos minutos de vida de esos piojos, corriendo despavoridos con las patas en alto, desesperados, asustados, cargando a sus liendres clamando por ayuda que nunca llegaría. Mientras eso sucedía en la azotea, yo habré dormido placenteramente (qué otra cosa podría haber hecho con tal concentración de DDT aplicada en la cabeza).


A la mañana siguiente la aldea gaseada fue “peinada” minuciosamente con ese peinecito metálico de pequeñas púas bien apretaditas para limpiar los cadáveres de piojos comunistas y sus asquerosas liendres. A diferencia de los marines estadounidenses, mis padres fueron eficaces y ganaron la batalla final contra la irrupción en mi testa. Los efectos neuronales por el método aplicado no los puedo medir, pero 35 años después sé que al menos no perdí la capacidad motriz para teclear algunas palabras.

Ahora, tras el fin de la URSS y sus satélites, los rojos dejaron de ser la amenaza. Hoy el peligro a la estabilidad internacional lo encarnan al menos tres frentes difusos y hasta cierto punto abstractos: (1) el terrorismo internacional, (2) las instituciones financieras cegadas por la avaricia y (3) el calentamiento global. Como la doctrina bushiana no funciona para combatir al primero y hasta el momento no hay solución clara para el segundo, hacer frente a los piojos del nuevo milenio se concentra en el tercer frente.


Para empezar, combatir al enemigo con químicos dejó de ser políticamente correcto, además de que se ha comprobado su alta toxicidad para los niños. Los nuevos tiempos y sus modas dictan que lo orgánico y natural es lo aceptable para controlar el brote de phthiraptera, esos pequeños insectos neópteros a los que llamamos piojos y que tienen la mala fortuna de dedicarse a la vida parasitaria para sobrevivir. Succionan sangre de la cabeza de nuestros hijos no por malintencionados. Es simplemente su forma de alimentarse y de asegurar un lugar feliz para sus crías.

Así que, apenados por disturbar su futuro hábitat, usamos los elementos que la madre tierra nos regala. Dosis benignas de vinagre de manzana y aceite de romero aplicadas durante tres días generarán un ambiente seguro en la cabeza de nuestros hijos. Así podremos prevenir que estos pequeños seres se hospeden en ella. Además, con esta técnica, aportaremos nuestro granito de arena para hacer frente al calentamiento global sin temer por efectos secundarios en nuestros hijos debido al tratamiento. Al Gore, sin duda, estará orgulloso de nuestra conducta.

viernes, 22 de agosto de 2008

El Facebook: sexto sentido, voyeurismo y ocio infinito.

Status: “José participa en la red social del momento.”

Hace cuatro años no existía Facebook. Aunque no es la primera red social que se desarrolla en Internet, es la que en estos momentos tiene más éxito. En junio pasado se calculaba que tenía 80 millones de miembros. El mismo reporte sostiene que diariamente ingresan al menos 250,000 nuevos usuarios (Facebook Has 115 Million People?). Un verdadero fenómeno de masas. Facebook es una plataforma que ha revolucionado a la propia Web 2.0, el estadio de uso público que actualmente experimentamos en Internet, donde además de consumir información – todo tipo de información – también la generamos.

Facebook, como lo catalogó un amigo, puede ser como el cigarro: le das un primer golpe, y ya te jaló al siguiente. Es un producto adictivo donde se puede perder el tiempo en el ocio interminable por la cantidad de juegos, trivias e intercambio de infinitas estampitas virtuales. Buena parte de los programas que conforman Facebook te hacen interactuar con tus conocidos.

También es una herramienta de la cual hacen uso organizaciones sociales para promover sus causas. El poder de las “multitudes inteligentes” (Rheingold) ha sido capaz de generar cambios políticos presionados desde abajo, como quedó demostrado en España tras los atentados del 2004 en Madrid. Si la experiencia se repite en el mismo sentido, los israelíes y palestinos que interactúan en estos ambientes construyen una nueva realidad en Medio Oriente. Hay quienes se han atrevido a afirmar que el poder que ofrece Internet (columna vertebral de las nuevas Tecnologías de Comunicación e Información) a los sectores sociales marginados hace temblar a quienes acaparan las instancias de poder tradicional. Aún más, Internet es un catalizador para la apertura política en regímenes autoritarios. Eso explica la censura contra esta y otras plataformas de la Web 2.0 en países como China, Siria, Irán y Cuba.

Algo de razón hay en eso, pero lo cierto es que también se ha ensanchado la brecha digital (la distancia entre los que tienen y no tienen acceso a Internet, además de la calidad en el acceso). Sin embargo, para los que estamos de este lado del desfiladero, Facebook ha cambiado la forma de relacionarnos con los demás. Esta plataforma recrea comunidades, redefine sentidos de pertenencia. Dado lo anterior, Facebook ha generado al menos dos efectos “sico-sociales”: el voyeurismo facebookiano y el sexto sentido a la Haley Joel Osment.

Status: “José está impresionado por el voyeurismo facebookiano.”

Facebook es la experiencia virtual post-Sex, Lies & Videotape. Facebook, destapa el voyeurista que llevamos dentro. Vemos, y nos dejamos ver. Los grados de privacidad son relativos. Se accede al Facebook sabiendo que seremos vistos por quién sabe quien. Por algunos amigos (el concepto de amistad no es relevante en este momento), pero también por amigos de los amigos, por amigos de los amigos de los amigos, y así hasta el sexto grado del experimento y más allá. No hay escapatoria. Se puede controlar, ¿pero quién lo hace? Si 80 millones de individuos entramos a Facebook es porque queremos ser vistos, que nos vean, que nos relacionen con otros.

Y así como queremos que nos vean, vemos y buscamos relacionarnos. Mientras no se falte a la moral de la comunidad virtual, aparecemos en los monitores de otros por estar relacionados a una misma persona. Me informan en mi home, que “fulano ya es amigo de sutano”. ¿Y quién es sutano?, pues entramos a ver al menos quiénes son los amigos de sutano, o quizá el profile de fulano para que nos dé alguna pista a través de un comentario o una foto. Precisamente, están las fotos donde aparecemos, pero que publican otros y donde somos etiquetados (los tags). Esa etiqueta alimenta las páginas personales de quienes te conocen, pero además alertan a los amigos de tus conocidos.

Somos todos voyeuristas. Quien sea miembro de Facebook y no quiere que lo vean, que tire la primera piedra.

Status: “José sees dead people”

Otra cualidad que he detectado en el Facebook es la de ver fantasmas de vidas pasadas. Yo no sé los demás, pero reencontrarme con gente con la que alguna vez interactúe, es como ver fantasmas, “gente muerta”, que ya no pertenece a mi entorno social inmediato. Puede que no sea tan dramático, pero algo hay de eso. Compañeros y amigos de escuela, de la infancia, del club deportivo, del movimiento scoutico. Con unos ya no había relación, ni siquiera memoria. Con otros, las distancias y las migraciones nos habían alejado, al menos corpóreamente.

El caso es que de pronto mucha gente está nuevamente presente. Por alguna foto repentina, por ser amigo del amigo (algunas veces del enemigo). Se aparecen, así de la nada. Y esos fantasmas de vidas pasadas que están vivos, regresan a ser parte del entorno sico-social presente, aunque sea de lejitos, pero ahí están.

En lo particular, cuando me pasa esto, se me llega a enchinar la piel. Muchas veces por el gusto de saber de ellos, otras tantas porque escarban en mi propio pasado. La sensación es similar a las reuniones de generación escolares (hay un momento en la vida que los años ya le alcanzan a uno hasta para eso). Uno asiste motivado por el morbo: ¿Cómo se verán después de tantos años? ¿Cómo me veré? La experiencia es un tanto intensa, emocionante. En mi caso, cuando después de 20 años se reunió la generación de la prepa, la sensación me duró algunos días. Fue como formar parte de un capítulo de Lost, plagado de flashbacks que se entrelazan para entender lo que supuestamente es el presente. Algo similar me sucede con Facebook. Es una lluvia de flashbacks que puede ser tan constante (aunque por goteo), como uno se “involucre” en esta plataforma social de la red.

El voyeurismo facebookiano y el sexto sentido son además bastones para quienes padecemos de alguna discapacidad aplicada a las relaciones públicas. No se necesita entrar en contacto directo con nadie tras confirmar la “amistad” con otros. Simplemente estás, te relacionas y te relacionan. Te hacen saber cómo se sienten, cómo está su gato, si estrenaron un nuevo armazón, si se fueron o regresaron. Y haces lo mismo, sin tener que verle la cara a nadie. Te dejas llevar por esta marea que entreteje tu vida social, que arma el rompecabezas histórico de tu biografía personal. Ese es el Facebook, un generador de ocio infinito capaz de sacar al ermitaño más solitario de su ostracismo.